martes, 31 de julio de 2012

Donde los árboles cantan

Titulo:Donde los árboles cantan
Autor: Laura Gallego
Genero: Fantasía
Reseña:


"Viana es la hija del conde de Rocagrís, tiene una vida cómoda, perfecta y está a punto de casarse con el amor de su vida, que acaba de ser nombrado caballero del rey.
Hasta que los bárbaros toman el Reino y el mundo perfecto de Viana comienza a desmoronarse. Su padre y el rey están muertos, su prometido la traiciona y el nuevo rey bárbaro la fuerza a contraer matrimonio con uno de sus jefes. Pero Viana no va a darse por vencida, está dispuesta a renunciar a su condición de dama y a convertirse en un guerrero para recuperar sus tierras y liberar su reino."


Mi opinión:

Este me pareció un libro muy bonito.
Ni bueno, ni malo. Bonito.
Bonito y triste.

Sin embargo, tiene grandes falacias que no me permitieron disfrutar de la historia al 100%. No fue hasta la segunda mitad que me enganché con lo que leía, al principio todo está escrito tan al pasar, de forma tan simplona e infantil que me molestaba continuar leyendo.

Daba la impresión que la autora escribía sin ganas, que no veía la hora de terminarlo y si lo hubiera leído sin saber quién lo escribía, hubiera supuesto que se trataba de la primer obra de algún autor amateur que no le puso mucha onda al asunto, y no de una autora hecha y derecha con una veintena de obras en su haber.

Pasada la mitad, la historia se pone más interesante, más linda, con más acción. Aunque en lo personal, no fue hasta los últimos cuatro o cinco capítulos que comencé a disfrutar realmente de ella.

Al final terminé llorando como una condenada, y me gustó la historia. Pero me gustó lo que leí, no cómo lo leí. Las primeras tres cuartas partes de la historia, parecen un resumen.

La segunda cosa que no me gustó para nada fue Viana, la protagonista. Hacía rato que no leía una historia con una protagonista tan insoportable y egoísta.
Todas, absolutamente todas, las cosas que le ocurren son a causa de su incapacidad de pensar más allá de su ombligo y acarrean consecuencias nefastas a todos los que la rodean.
Ella todo lo hace movida por el egoísmo. Los bárbaros toman el reino, ella está preocupada porque ahora va a tener que posponer su boda. Los bárbaros se reparten las tierras, ella está enojada porque a su ex-prometido le dieron las suyas y él no tiene derecho a esas tierras, porque NO SE CASÓ CON ELLA. Hacia el final pasa algo que te pone los pelos de punta, algo malo, obviamente, ella a pesar de que está a tiempo de actuar y salvar la situación, decide vanagloriarse en su pena y limitarse a llorar.
Es uno de los personajes más odiosos que he visto.

Lo último negativo que le encontré a la historia fueron las salidas fáciles. Una vez más, como si la autora no tuviera ganas de pensar en soluciones y desarrollarlas, cada pequeño inconveniente que surge, tiene una solución sacada de la galera a último momento.

Sin embargo, como dije antes, es una historia linda, más allá de Viana y su insulsez y más allá de varias cosas predecibles de la trama.

Tiene personajes muy queribles, como Lobo y Uri.
Sin duda ellos dos salvan el libro.
Lobo es quién salva a Viana de los bárbaros y la entrena para luchar. Es bastante huraño, y gracioso. Le falta una oreja y a lo largo del libro, a modo de moraleja, nos cuenta mil historias distintas de cómo perdió su oreja y qué lecciones aprendió gracias a eso. Por supuesto, hasta el final no sabemos cómo perdió la oreja realmente.

Uri es un extraño chico, medio verde, que encuentra Viana en el bosque desmayado cuando sale en búsqueda por primera vez del manantial de la juventud. Al principio, Uri no sabe nada de nada de la vida, ni siquiera andar o comer. Menos hablar, y se convierte en el simpático patiño de Viana, casi en una mascota adorable. Cuando comienza a humanizarse, aprende a hablar y demás, se convierte en un muy buen amigo y, si sufrimos en este libro, es gracias a él y al cariño que logra que le profesemos en muy poco tiempo.
¿Lo único malo con él? La trama es tan predecible que desde el principio sabemos qué es y lo que le depara el destino. Un desperdicio.

En fin, una historia bonita, triste y liviana, ideal para pasar el rato.

A pesar de que me gustó, en lo que a mí respecta, este es el último libro que leo de esta autora. Indudablemente tiene una imaginación prodigiosa, pero su estilo y yo no nos llevamos.

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